Opinión

Reparar el presente para tener un futuro cierto

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Según el Indec, en nuestro país el 36,5% de su población es pobre y el 8,8%, indigente. En el caso de los menores de 18 años, la pobreza llega -de forma alarmante- al 51,5%. Se calcula que, en total, unos 8 millones de argentinos son pobres y un poco más de 2 millones y medio, directamente indigentes. Un panorama aterrador que va de la mano de la inflación más alta de los últimos 30 años, lo que nos debe llamar a activar decisiones efectivas de manera urgente.

Un escenario similar ocurre en relación al trabajo. Argentina tuvo en el segundo trimestre de 2022 una tasa de desempleo cercana al 7%, lo implica que casi un millón y medio de personas no pueden tener una fuente de ingresos constante que garantice su propia subsistencia y la de sus familias. Con todo lo que ello implica en la conformación de entornos afectivos. Y si bien este dato supone una leve mejora, esconde la demanda de sobre empleo, es decir de aquellos que buscan otro trabajo adicional para hacer frente a la brutal pérdida de poder adquisitivo de los últimos años.

Así, entre inseguridad alimentaria, incertidumbre y precarización laboral asoma la pérdida generalizada de expectativas, con un presente que se hunde en la tristeza y dinamita el futuro. Por ello, es imprescindible que asumamos sin mezquindades la tarea de recuperar la generación de oportunidades, la diversificación de la matriz productiva, el valor del trabajo y la posibilidad de progreso que hoy aparece como cercenada en nuestra sociedad.

Hay que ser realistas. Las perspectivas no son alentadoras para el año próximo, en el que la falta de rumbo económico seguirá impactando en el deterioro de las familias y de los que tengan salarios, con un contexto macroeconómico nacional recesivo, con alta y creciente inflación. Al contrario de lo que suele suponerse, la disputa electoral no debería generar más zozobra, sino la certeza de asumir nuestros problemas y proponer soluciones graduales, ciertas y sustentables capaces de modificar el modo de vida de los que más necesitan. Todos debemos comprometernos a que eso suceda.

Por lo pronto, quienes tenemos la responsabilidad de conducir diversos niveles del Estado debemos profundizar el desarrollo de políticas públicas que no sólo sean efectivas para contener la contingencia de las necesidades sociales, sino también para proponer herramientas capaces de transformar realidades a mediano y largo plazo con presupuesto e inversión social.

En el caso de los menores de 18 años, la pobreza llega -de forma alarmante- al 51,5%.

En el caso de los menores de 18 años, la pobreza llega -de forma alarmante- al 51,5%.

En esa dirección, en Godoy Cruz acabamos de presentar un presupuesto 2023 en el que estamos privilegiando fuertemente la inversión social, con un incremento del 93% respecto a este año, lo que significa una partida de 2.292 millones de pesos. Entendemos que en esta delicada instancia, y por la realidad antes descripta, es necesario fortalecer aquellas áreas que día a día acompañan a la ciudadanía a soportar la intensidad de esta crisis: Empleo, Educación, Salud, Género y Vivienda.

Continuamos con la intervención en villas o asentamientos en una política activa que ya lleva 22 años, de las 23 que tenía Godoy Cruz en el año 2000 hoy quedan 7 y en 3 de ellas estamos trabajando en la actualidad. Claro ejemplo que se contrapone con la tendencia nacional que va en aumento constante.

Estamos acelerando la continuidad y el radio de impacto de aquellos programas con el que nuestros vecinos se han sentido acompañados en estos momentos difíciles: la Feria del Ahorro, la distribución de la garrafa social y los espacios de capacitación para el trabajo. La innegable cercanía del municipio con la gente es el motor que nos lleva a no bajar los brazos en ninguna circunstancia, durante todo el año. Afortunadamente, se nos reconoce como una buena gestión, y eso es un aliciente inmenso.

Si cada vez más argentinos y mendocinos tienen más dificultades para satisfacer sus necesidades básicas. Si cada vez les cuesta más tener o mantener un trabajo que asegure dignidad, y si aquellos que lo tienen deben buscar otro para poder llegar a fin de mes. Si cada vez son más los compatriotas que caen en la pobreza y los que de allí se convierten, directamente, en indigentes. Si aún aquellos que con empleo se transforman en pobres, o si la asistencia social es la única opción disponible, es tiempo de cambiar rotundamente. No hay más tiempo que perder.

Cuando hablamos de futuro no sólo nos referimos al necesario impacto de la tecnología y el desarrollo de un ecosistema emprendedor capaz de desarrollar una economía del conocimiento como el que alentamos desde Godoy Cruz; ni tampoco –únicamente- a minimizar el impacto de esta era con la difusión de energías renovables, uso eficiente de los recursos y el reciclado para reducir la huella de carbono, como acciones que también impulsamos desde el departamento.

Hablar de futuro también es ocuparnos de aquellos que sufren hoy y a quienes se les están arrebatando sus posibilidades de desarrollo en las próximas décadas. Es urgente atender la emergencia y proponer herramientas capaces de transformar ese presente tan doloroso. Desde nuestro lugar, lo seguimos haciendo.

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