Historia de Radicales

Radicales olvidados

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Armando se crió a la sombra de unos viñedos en Ugarteche. Su padre le inculcó el amor al trabajo en la tierra y el sacrificio del duro oficio del contratista.

También le inculcó el amor hacia un Partido y el respeto hacia sus líderes.

Por eso, Armando, ya casado y con cuatro hijos, seguía diciéndole a su mujer “mire, hoy hay reunión en lo de don Diaz, allá en el Bajo Lujan, y sepa que no voy a volver temprano..”Claro, pues, si había que seguir en el juego político donde se activaban discursos y se manejaban datos que nadie más tenía.

Corría el año 1950, y Armando, a fuerza de tesón y sacrificio había logrado armar un “negocito” de cuatro carretas con unos dieciséis caballos…cuatro para cada una. Las carretas eran alquiladas para hacer viajes de mercadería hasta el Valle de Uco, o hasta San Rafael también, siempre y cuando el tiempo y las rutas estuvieran aceptables.

Pero en ese año, la cosa estaba jodida por Lujan. Ya había grupos pidiendo coimas y ofreciendo “proteccion” para esos negocios. El gobernador de ese entonces, el Teniente Coronel Blas Brisoli, del partido justicialista, hacia la vista gorda para que estos grupos hicieran a su antojo…

Armando sabía que sus carretas eran codiciadas por muchos, pero especialmente por estos muchachos que, amparados por la autoridad, hacían valer la violencia cuando otros métodos no funcionaban.

Más de una vez les dijo que no, hasta esa noche que balearon su casa, con su mujer y sus niños dentro. “Me quieren asustar, le dijo a su esposa, pero no les voy a dar el gusto”

Pero del amedrentamiento, los “muchachos” pasaron a la acción, y varias veces lo corrieron de los corralones donde el hombre solía comprar comida para sus animales…

Hasta que un día, cansado ya de tantas molestias y amenazas, decidió dejar la casa a ver si las cosas se calmaban. Dejó a su mujer, a sus hijos, a sus animales y tomó un “colorao” aguantador y partió rumbo al campo, perdiéndose en las “picadas” del Carrizal (todavía no existía la represa), para enfriar las cosas por un tiempo.

Pero de nada valió la estratagema. Según se supo después, una partida de unos cinco “muchachos” consiguió seguir su huella, y no bien lo encontraron, lo acribillaron. Su cuerpo fue encontrado cuando la policía quiso y en su certificado pusieron algo así como “paro cardiaco”.

Dejó una viuda, cuatro hijos huérfanos de padre y un negocio que después pasó a manos de un tal Enrique, asi sin apellido, aunque nunca se supo si era su verdadero nombre.

Ah, sí. Este señor siempre decía que menos mal que “ese radical hinchapelotas” había dejado este mundo…

Nunca, jamás, se investigó esa muerte.

La historia me la contó su nieto, tan radical como su abuelo, y tan defensor de sus ideales como él.

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Imagen ilustrativa

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