Historia

Para no olvidar: el día del “Nunca más” de Julio César Strassera

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Se cumplen 37 años del alegato histórico en el juicio por crímenes de lesa humanidad a la Junta Militar.

El 18 de septiembre de 1985 el fiscal del juicio a las Juntas Militares, Julio César Strassera, concluyó su alegato de varios días con una frase que quedó registrada como una de las páginas salientes de la crónica argentina: “Los argentinos hemos tratado de obtener la paz fundándola en el olvido, y fracasamos: ya hemos hablado de pasadas y frustradas amnistías. Hemos tratado de buscar la paz por la vía de la violencia y el exterminio del adversario, y fracasamos: me remito al período que acabamos de describir. A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Esta es nuestra oportunidad: quizá sea la última. Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más”.

El 24 de marzo de 1976 se había iniciado una nueva etapa dictatorial en el país. Fue el sexto golpe de Estado desde 1930 y la última tras la recuperación de la democracia en 1983.

Con la llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia de la Nación, se creó la CONADEP para investigar los crímenes de lesa humanidad, torturas, desaparecidos, robo de niños y todo tipo de violación de los derechos humanos, acaecidos en la etapa más oscura.

Luego se dispuso el juicio a los máximos responsables, con innumerables fojas en decenas de volúmenes de una causa histórica. Allí estaba Strassera, el fiscal, que el 18 de septiembre de 1985 tras una semana de alegato, dijo en sus párrafos finales:

“Señores jueces, este proceso ha significado, para quienes hemos tenido el doloroso privilegio de conocerlo íntimamente, una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana, donde la miseria, la abyección y el horror registran profundidades difíciles de imaginar antes y de comprender después. Dante Alighieri, en La Divina Comedia, reservaba el séptimo círculo del infierno para los violentos, para todos aquellos que hicieran un daño a los demás mediante la fuerza. Y dentro de ese mismo recinto, sumergía en un río de sangre hirviente y nauseabunda a cierto género de condenados.

Yo no vengo ahora a propiciar tan tremenda condena para los procesados, si bien no puedo descartar que otro tribunal, de aún más elevada jerarquía que el presente, se haga oportunamente cargo de ello. Me limitaré pues a fundamentar brevemente la humana conveniencia y necesidad del castigo.

Por todo ello, señor presidente, este juicio y esta condena son importantes y necesarios para la Nación Argentina, que ha sido ofendida por crímenes atroces. Su propia atrocidad torna monstruosa la mera hipótesis de la impunidad. Salvo que la conciencia moral de los argentinos haya descendido a niveles tribales, nadie puede admitir que el secuestro, la tortura o el asesinato constituyan hechos políticos o contingencias del combate.

Radicales Org

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